Existen empresas de distintos sectores, con deudas millonarias, plantas paralizadas y miles de empleos en riesgo.
El entramado industrial de la Región Centro enfrenta una crisis que se arrastra desde la salida de la pandemia. La combinación de alta tasa de interés, caída de la demanda interna y volatilidad macroeconómica pone en jaque a empresas de distintos sectores, con deudas millonarias, plantas paralizadas y miles de empleos en riesgo.
En el sector lácteo, la situación es crítica. SanCor acumula deudas por más de $69.000 millones, salarios impagos y una producción reducida a 50.000 litros diarios, muy lejos de su capacidad histórica. Los trabajadores de Atilra solicitaron la figura de quiebra con continuidad para preservar plantas y empleos, mientras se esperan definiciones en una negociación prevista para esta semana.
Otra compañía en problemas es La Lácteo, que está en concurso preventivo desde 2018 y redujo su producción de 180.000 a 40.000 litros diarios. Con salarios atrasados y plantas afectadas por cortes de servicios, su continuidad es incierta. A esta lista se suma también la crisis de Arsa.
En Río Tercero, la petroquímica despidió a 124 trabajadores y plantea solo reactivar algunas unidades químicas con recortes salariales, lo que mantiene en vilo a la comunidad.
En el rubro alimentario, Molinos Cañuelas logró homologar un acuerdo de reestructuración de deuda por más de 1.200 millones de dólares, con el apoyo del 89% de los acreedores. El desafío ahora es sostener la producción y cumplir con el plan de pagos en un contexto de alto costo financiero.
Las empresas públicas tampoco escapan a la crisis: Fadea acumula deudas superiores a 16 millones de dólares y enfrenta déficit operativo, lo que derivó en suspensiones rotativas y pagos parciales de salarios.
En Santa Fe, la siderúrgica Acindar opera a menos del 50% de su capacidad y aplica suspensiones por la caída de la demanda y la competencia de importados, mientras que Celulosa Argentina entró en concurso preventivo tras pérdidas millonarias y paralización de plantas.
La industria automotriz también atraviesa turbulencias: Nissan suspendió la producción en Córdoba, Iveco y fábricas de tractores trabajan con inestabilidad, y General Motors en Rosario sufrió más de 500 desvinculaciones en un año por la caída de exportaciones a Brasil.
El caso Vicentin, en default desde 2019, sigue sin resolución. La Corte Suprema de Santa Fe debe definir el acuerdo de acreedores, mientras avanza un proceso de cramdown para atraer posibles compradores.
Incluso sectores con repuntes puntuales no logran despegar. La biotecnológica Bioceres cayó en default en junio y la histórica Vassalli mantiene su planta de Firmat paralizada, con sueldos impagos y cheques rechazados.
La foto de la Región Centro muestra un entramado industrial que lucha por sostenerse, con conflictos abiertos y negociaciones clave previstas para los próximos días, pero con un futuro cargado de incertidumbre.